Por Roger Atwood
Colombia tiene un extraordinario caudal de diversidad biológica, se mire por donde se mire. La riqueza medioambiental del país se extiende por la Amazonía, la cordillera de los Andes y las costas del Caribe y el Pacífico, y abarca desde los delfines de río hasta los arrecifes de coral y los glaciares alpinos. Se cree que , en las Américas, solo Brasil tiene más especies dentro de sus fronteras.
Colombia también ha sido líder mundial en el área del financiamiento climático. Sin embargo, hasta hace poco, sus esfuerzos para implementar el financiamiento verde se habían centrado casi por completo en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero a través de inversiones, por ejemplo, en energía alternativa y transporte de bajo impacto.
En la actualidad, Colombia ha diversificado su cartera de financiamiento relacionado con el clima para incluir la biodiversidad, un área que crece y plantea mayores desafíos desde el punto de vista técnico. Los entes reguladores gubernamentales han establecido nuevas normas y marcos para el financiamiento de la biodiversidad. BBVA Colombia, uno de los principales bancos del país, emitió el primer bono de biodiversidad del mundo, y Banco Davivienda está preparando otro.
Para ambos esfuerzos —la elaboración de los marcos regulatorios nacionales, y luego la emisión de bonos para movilizar fondos destinados a proyectos verdes— se ha recibido asesoramiento de publicaciones y programas del Grupo Banco Mundial (GBM), entre ellos el Programa Conjunto de Mercados de Capital (J-CAP), el Grupo de Instituciones Financieras de la Corporación Financiera Internacional (IFC) y la guía de referencia sobre el financiamiento de la biodiversidad (publicada por IFC).
Las actividades relacionadas con el financiamiento de la biodiversidad se han centrado en emisiones de bonos para recaudar dinero que el emisor puede prestar a prestatarios que trabajan en campos, desde la agricultura sostenible a la regeneración forestal, que quizás no permiten reducir directamente la huella de carbono, pero fomentan la diversidad de especies y hábitats.
Antes de las emisiones de bonos, el principal órgano regulador del sector bancario, la Superintendencia Financiera de Colombia (SFC), consultó las mejores prácticas internacionales para establecer la combinación adecuada de enfoques normativos y regulatorios que promuevan el financiamiento de la biodiversidad. En este punto es donde las entidades del GBM, incluido el J-CAP, fueron útiles.
“Hemos apoyado a la Superintendencia a medida que desarrolla una economía de financiamiento sostenible que abarque la biodiversidad y la adaptación al cambio climático”, dijo Carlos Senon Benito, especialista en sector financiero del Banco Mundial y encargado del J-CAP en Colombia.
Él ayudó a los funcionarios de la SFC a crear una “taxonomía” del financiamiento de la biodiversidad, esto es, un estándar aceptado internacionalmente sobre qué tipos de instrumentos financieros conducirían a resultados positivos para la naturaleza, y que se adaptarían al entorno único de Colombia. Una vez establecida la taxonomía, los bancos privados pueden proceder a emitir bonos de biodiversidad.
El componente estratégico es el primero, y el segundo es la transacción real”, dijo Senon Benito, y agregó: “En cierto sentido, estamos implementando la taxonomía al buscar transacciones que puedan alinearse con el marco [regulatorio]”.
Calcular el riesgo financiero
La redacción de la taxonomía se ha basado en una combinación innovadora de la ciencia ambiental y el financiamiento, un esfuerzo que aprovecha los conocimientos técnicos del Gobierno colombiano y el GBM, señaló en una entrevista Ángela María Angulo Daza, asesora sénior del Grupo de Finanzas Sostenibles de la Superintendencia Financiera de Colombia.
“Ampliar nuestra taxonomía verde fue [...] un proceso basado en la ciencia. Recibimos el apoyo del Banco Mundial e IFC para agregar objetivos sobre biodiversidad a nuestra actual taxonomía verde relacionada con el cambio climático”, dijo Angulo Daza.
La biodiversidad se refiere a la variedad y cantidad de plantas y animales, sus hábitats e interacciones. En todo el mundo, la biodiversidad se ha visto afectada por el cambio climático, la urbanización y la propagación de especies no nativas. En América Latina y el Caribe, las poblaciones de fauna y flora silvestres han disminuido en un alarmante 94 % desde 1970.
Los responsables de formular políticas y las organizaciones internacionales han tratado cada vez más de medir las consecuencias a largo plazo de la pérdida de biodiversidad en el crecimiento económico y los niveles de vida de las personas. Destruir la naturaleza puede equivaler a devastar la capacidad de una economía para crecer y producir riqueza, dijo Irina Likhachova, experta global en biodiversidad y financiamiento para la naturaleza de la Corporación Financiera Internacional (IFC). Dejar de utilizar los modelos de negocios que destruyen la naturaleza requiere inversión, señaló.
“Básicamente, necesitamos financiamiento para dejar de financiar actividades que destruyen la naturaleza, y tenemos que comenzar a financiar actividades que permitan a la naturaleza regenerarse”, puntualizó. “No se trata de dejar de utilizar la naturaleza —eso es imposible—, sino de permitir la regeneración de la naturaleza”.
Likhachova utilizó una metáfora del mundo empresarial para describir lo que sucede cuando los modelos económicos descuidan la biodiversidad: “Hay un almacén de suministros que necesita reponerse, pero lo están vaciando sin que entren nuevos suministros. Entonces, ¿cómo pasar a modelos de negocio que permitan que la naturaleza se regenere? ¿Qué cambios haces para que tu cadena de suministro esté siempre llena?”.
‘Trabajar con la naturaleza’
El J-CAP, un programa conjunto del Banco Mundial e IFC, ha prestado asesoría sobre financiamiento verde a organismos reguladores y al sector privado en distintos países de África, Asia y América Latina prácticamente desde su creación en 2017.
En Colombia, el asesoramiento del J-CAP a la SFC se focalizó en establecer parámetros para medir el impacto ambiental de un proyecto en términos del riesgo financiero, señaló Senon. Las regulaciones que surgieron de ese proceso llevaron a la emisión del primer bono de biodiversidad del mundo, en julio del año pasado, cuando BBVA Colombia e IFC emitieron un bono por valor de USD 70 millones. El dinero recaudado se destina a reforestación, restauración de hábitats de vida silvestre y otros objetivos ambientales.
Se anunció la emisión de un segundo bono poco tiempo después. En octubre, en el marco de la 16.ª Conferencia de las Partes (COP16) de la Convención sobre la Diversidad Biológica celebrada en Cali, IFC y Banco Davivienda, un banco comercial con un largo historial de financiamiento de proyectos ambientalmente sostenibles, firmaron un acuerdo para la emisión de un bono de biodiversidad por valor de 50 millones en pesos colombianos.
Entre los proyectos que se financiarán con este bono se encuentran la restauración de los manglares de la costa del Pacífico —que según proyecciones representarán alrededor del 10 % de los fondos— y préstamos a pequeños y medianos exportadores que buscan obtener las anheladas certificaciones de exportaciones ecológicas que otorgan Rainforest Alliance y otros grupos ambientalistas, dijo Alejandra Díaz Agudelo, directora de Sostenibilidad del Banco Davivienda.
“Se trata de la biodiversidad, pero también se trata de garantizar la permanencia de nuestros negocios en el tiempo y ayudar a nuestros clientes a trabajar con la naturaleza de una manera sostenible”, señaló Díaz Agudelo en una entrevista, e informó que la emisión del bono se espera para fines de marzo.
IFC será el único comprador del bono. No obstante, el propósito es que sirva como una “transacción de demostración”, una señal de confianza a los mercados de bonos en moneda local para futuras emisiones, dijo Felipe Sanint, oficial superior de inversión de IFC, que trabaja en Bogotá y que ayudó a dirigir la transacción. IFC es un líder mundial en financiamiento verde: solo en el ejercicio de 2024 proporcionó USD 19 400 millones en financiamiento climático.
“Los bancos necesitan nuevas áreas en las que puedan ampliar sus carteras”, dijo Sanint. “Aún son las primeras etapas, pero esta es una señal clara de que el financiamiento de la biodiversidad está cobrando impulso”.
La labor del JCAP en Colombia cuenta con el apoyo de la Secretaría de Estado de Asuntos Económicos de Suiza (SECO) a través del Mecanismo de Financiamiento Sostenible del Grupo Banco Mundial. El programa también recibe asistencia de los Gobiernos de Alemania, Luxemburgo, Japón, Noruega y Australia.